Gritemos todos Saakhelu para devolverle la alegría a la tierra.

Amanece en el territorio de Munchique los Tigres, gente de todos los lados, nasas de todos los lados van llegando de a poquito a este importante encuentro.

Chirrincho va y chirrincho viene, cada sorbo es una invitación a remojar la palabra, los instrumentos y las melodías con las que se celebrara el encuentro entre el Sol y la Luna.

Un poco más tarde, un puñado de gente se dirige a la minga; un camión y una chiva, los pasa recogiendo para llevarlos a las fincas en donde se realizará el trabajo comunitario.

El sol y el viento acompañan la jornada “¡que traigan guarapo!” se escucha a lo lejos y loma arriba, en medio del monte, una hilera de jóvenes con machetes y palines hacían presencia en la minga que se convocó desde el Saakhelu.

De regreso, un buen plato de mote espera a los y las mingueras, el pago estuvo bueno, la minga estuvo buena y en medio de la música, la danza, la chicha y el guarapo se da inicio a esta fiesta de despertar de las semillas.

El atardecer llega con la picada de la carne a ritmo de flauta y tambor, la comunidad se une en alegría con machete en mano, para hacer un llamado a la abundancia, para que en el año nasa no nos falten los alimentos.

Cinco de la mañana; las y los músicos van llegando a una nueva cita con el Saakhelu, para celebrar el encuentro del Sol y la Luna, sus melodías permiten ver el enamoramiento, el coqueteo y la eternidad con la que se miran. Se brinda guarapo y chirrincho, se echa fresco, se ofrenda plantas y se abre camino a este nuevo día.

La orientación espiritual determino que el Saakhelu de este año es joven, que su fuerza es joven y que como a las semillas, había que seguir despertándola con plantas y cuido. Se le ofrenda la res, se le brinda chaguasgua, chirrincho y guarapo, se danza en espiral alrededor del Saakhelu, mostrando el origen y la permanencia del pueblo nasa en sus tres espacios.

Las semillas ya están listas, los sombreros y las jigras, también; hombres y mujeres, entre niños y adultos, rodean el lugar y entre gritos y música, reciben el maíz, el frijol, la yuca, el plátano…, intercambian el uno con el otro, deseando que las semillas que llevan para territorio den buena cosecha.

Un sinfín de danzas se realizan hasta llegar la noche, convocando a los espíritus mayores del espacio de arriba y del espacio de abajo, pisando el sucio y levantando las buenas energías, despertando y agradeciendo a nuestra Madre Tierra por este nuevo año de Saakhelu.

¡Griten, griten, Saakhelu!

Los corazones están contentos, el colibrí nos visita y con su agilidad armoniza en el territorio, el viento también hizo presencia y como remolino danzo junto con nosotros, elevando la alegría y las melodías de nuestra gente, anunciando con fuerza que ya se acercaba el matrimonio del Sol y la Luna (Sek y A’te).

Hombres y mujeres empiezan la danza de coqueteo, van recorriendo el lugar en donde se juntaron estos días de luna llena, se cruzan, se miran y siguen la danza, finalmente se encuentran en el Saakhelu, allí, juntan sus energías, se abrazan y celebran el casamiento.

La tarde va fresca, los tambores y las flautas siguen sonando con fuerza, en la cocina la fila para el almuerzo va avanzando, mientras las y los mayores alistan las plantas y la ofrenda que se ira a entregar al territorio de Canoas, resguardo que recibe el Saakhelu.

Se da la orden de salida, la lluvia decide acompañar este último paso del ritual mayor. Cuatro cohetones anuncian que ya se está llegando a Canoas “¡Saakhelu’s weiwe!” grita la gente a su paso, una sonrisa adorna el rostro de quien escucha y acepta la invitación “¡weiwe, weiwe!” responde.

Cuatro cohetones más, salen ya desde la cocina. La chirimía recibe a la comunidad que va llegando en medio de la lluvia; Munchique y Canoas se juntan, danzan, toman guarapo y chirrincho, Munchique entrega el Saakhelu y Canoas lo recibe. Se juntan las chontas, se levantan las manos y en ellas los sombreros, los tejidos y el sueño intacto de que el próximo año nos estaremos encontrando en estos tiempos de sol con viento y luna llena. 

Una mayora y un mayor no comparten como estuvo este importante ritual

Manuel Ulcue Padrino del Saakhelu