Minga de recorrido territorial para volver a sentirnos como gente para la tierra.

Visita a las familias del territorio de San Francisco

Frente al contexto de violencia que está causando desarmonías en el territorio, es necesario volver a las familias para establecer un diálogo sincero que nos permita encontrar un camino para el cuidado de nuestras nuevas generaciones, quienes están siendo el foco de los grupos armados.

No es secreto para nadie que ese tal acuerdo de paz, no fue más que una mentira, como dice el dicho: “más falso que una moneda de cuero”. Resulta que ahora la guerra nos mira de frente de la manera más descarada; nos escupe en la cara, nos escapa a tumbar y si no nos paramos duro pues capaz que nos termina tumbando.

Las preocupaciones en los territorios son muchas, existen infinidad de problemáticas, algunas se han resuelto con la voluntad y diálogo de las partes. Sin embargo, lo que viene ocurriendo en los últimos años, luego del supuesto “acuerdo de paz” que se firmó en La Habana por allá en el año 2016, demuestra que lo acordado no fue más que una ilusión para quienes han tenido que vivir en medio del conflicto armado.

En la mañana de hoy, como se había programado y anunciado en diferentes medios de comunicación comunitarios, el pueblo acudió al llamado de las autoridades y los Kiwe Thegnas. Dinamizadores, guardia indígena, autoridad Ne’j we’sx y comunidad del Plan de Vida Proyecto Nasa, se encontraron en la sede de la institución educativa Eduardo Santos – CECIDIC, ubicada en la vereda La Betulia del territorio de San Francisco, y desde allí se organizaron en minga para empezar a caminar las distintas veredas de este territorio.

Comisión para los recorridos en la vereda Natalá, territorio de San Francisco.

Aunque el día estuvo acompañado de lluvia, esta no fue impedimento para salir a caminar. Había expectativa entre la gente, tanto de los visitantes como de los visitados. ¿Cuál fue la intención? Conversar, acercarse a las familias para compartir con ellas las preocupaciones. Pero no solo eso, también escuchar lo que están pensando como familias frente a las desarmonías que se vienen presentando en cada vereda, como ya se ha mencionado en muchas otras ocasiones, principalmente afectando a nuestros jóvenes. Entre los hechos más graves están el reclutamiento de jóvenes por parte de los grupos armados, asesinatos a líderes y defensores de derechos humanos, masacres, atentados, amenazas y otros hechos violentos. Frente a todo esto, es necesario hacer una reflexión para saber qué pensamos como comunidad sobre estas situaciones.

No se trató de una visita para pedir cuentas o mirar quién cultiva o no la marihuana, sino de reflexionar en torno a estas problemáticas y afectaciones que nos duelen y nos involucran a todos y todas por igual.

Cada una de las familias que se visitó tenía un punto de vista diferente, lo cual alimento la reflexión y el encuentro de la palabra. Partiendo de estas diferencias se dio la conversa. Allí se resaltaron aspectos que nos llevan a autoevaluarnos, autocriticarnos y a partir de eso volver a construir colectivamente para seguir defendiendo la vida y encontrar las maneras para volver a sentirnos como gente para la tierra.

Conversa con las familias de la vereda Natalá.

Algunos de los temas que mencionaron las familias fue la importancia de cuidar a nuestros niños y niñas, por lo cual el acceso a la justicia debe ser efectivo cuando se trate de una desarmonía en estos casos. Hablaron también de encontrar apoyo a las familias que aún no han optado por sembrar cultivos como la marihuana, de la importancia de escuchar y conversar en el marco del respeto para entendernos.

Además, se hizo memoria sobre las luchas y todo lo que se ha ganado como organización indígena en estos últimos cincuenta años. Pero también se mencionaron los vacíos que hay, como la pérdida del sentido comunitario y el creciente interés individual en algunos liderazgos. También se siente el descontento por los malos manejos administrativos por parte de personas que se aprovecharon de la confianza que les dio la comunidad.

Se mencionó, además, el descontento sobre las ayudas que llegan para las comunidades y que no se distribuyen de manera equitativa, quedando en manos de quienes ya han tenido la oportunidad de beneficiarse y no de familias que también lo necesitan; frente a esto es necesario que la autoridad pueda aclarar lo que está pasando.

Las familias también hablaron sobre los cultivos para uso ilícito. Mencionaron que en donde más se siembra es en las tierras comunitarias, tierras que fueron recuperadas en las luchas de antes y el fin nunca fue llenarlas de este cultivo. Pero se viene sembrando por la necesidad que hay, a pesar de las consecuencias de desunión y conflicto que esto ha traído.

Hicieron, por otra parte, el llamado a corregir actitudes de quienes dinamizan y trabajan en la organización para que no seamos prepotentes ni autoritarios y así recuperar el valor de la solidaridad. Asimismo, se llamó a revisar los liderazgos de las veredas, quienes deben contribuir más en el acompañamiento a las familias para que vuelvan a cogerle gusto al proceso.

Pero no todo fue jalón de orejas. También hubo espacio para las propuestas. Son propuestas importantes que la comunidad espera no se queden en el limbo, ya que permanece la necesidad de volver a la unidad como principio de nuestra organización.

Dijeron las familias de San Francisco que se debe volver a establecer cercanía con la gente; mirar las necesidades y las realidades; visitar hasta el último rincón donde haya una familia para preguntar qué necesidades tiene y qué propuesta hay para satisfacer esa necesidad.

Dialogar con los jóvenes, brindar más oportunidades de estudio para que ellos pongan en practica sus habilidades, ya que el contexto los está obligando a irse a otro territorio en busca de oportunidades laborales. Y hemos visto que allá los involucran en la guerra y vuelven a las familias en un cajón. La guerra se fortalece con cada día que pasa sin que creemos en conjunto una alternativa de vida.

En medio de tantas palabras que fueron y vinieron, hubo algo que nos quedó sembrado y fue la voz de un joven, quien dejó un mensaje claro: “peleen por sus jóvenes, no dejen que se los lleven para la guerra, peleen hasta lo último con el apoyo del cabildo, si un menor de edad se va ya sea por capricho o por lo que sea, él no se manda solo, peléenlo hasta el final”. Con este mensaje nos quedamos partiendo de que este conflicto empieza una nueva etapa y que es necesario pelear de la mano de la gente para enfrentar lo que se viene.

Así avanzó esta jornada de recorridos y, claro, tiempo nos va a faltar para poder continuar con la conversa. Lo cierto es que la gente necesita sentir el apoyo y la orientación de nuestras autoridades, se necesita estrechar no solo la mano y brindar un saludo a la gente, se necesita establecer la unidad y la confianza que perduren en el tiempo.