Si los muertos se cuentan igual ¿Por qué los Nasa siempre contamos más?

por: Eliana Güetio

ilustración: Hernando Reyes

La historia se repite como un espiral, uno aterrador, posiblemente en un mes más el teléfono suena y nos toca preguntar en medio de la madrugada ¿Quién fue esta vez? Entonces, la conmoción empieza, todos en función del cuerpo y su siembra, como si se tratara de un deja vu eterno. La cuenta va sumando, pero no somos el estado, no lo vamos a medir por cifras, lo contamos de acuerdo a los hijos que quedaron huérfanos, los compañeros y compañeras viudas, los territorios sin lideres y los proyectos que ya no se podrán realizar.

Gerson Acosta salía de una reunión cuando lo atacaron hombres desconocidos en una moto y murió en el hospital, tenía 35 años y era Ne’j wesx del territorio de Kite Kiwe.

A Edwin Dagua se lo llevaron del territorio de Huellas Caloto y lo asesinaron las disidencias de las Farc, era Sath Wesx y tenía 28 años.

Cristina Bautista fue emboscada, también por las disidencias, con ella asesinaron a 4 kiwe thegnas, tenía 42 años y era Ne’j wesx del territorio de Tacueyó.

Sandra Liliana Peña, gobernadora del territorio Sat Tama Kiwe, tenía 35 años, se movilizaba en moto cuando fue asesinada por actores armados desconocidos.

David Guegue tenía 22 años, U’ka Wesx de la vereda Rio Claro del resguardo indígena de Munchique los Tigres, por las disidencias de las Farc mientras se movilizaba en un vehículo de servicio público

Argenis Yatacue, era profesora y Sath Wesx del resguardo Paez de Corinto, la asesinaron junto a su compañero en la entrada de Corinto

El cuerpo de Miller Correa fue encontrado vía al tambo, es nuestra mas reciente perdida, era Thuthenas de la Cxhab Wala Kiwe Acin y hacía parte del plan de vida proyecto Nasa, tenía 40 años.

No es necesario siquiera mencionar la palabra sistemático, porque estas siete personas, exclusivamente estas siete eran autoridades, pero nos quedamos sin dedos para contar si incluimos a comuneros, kiwe thegnas, profesores, dinamizadores, comunicadores que fueron asesinados en su cotidianidad.

La cosa es así: asesinan a uno, las organizaciones internacionales se pronuncian y todo el mundo rechaza la atrocidad, después todo se calma, el mundo continúa y asesinan a otro. En conclusión, los Nasa existimos solo cuando nuestra sangre mancha la tierra y el asfalto, y existimos solo hasta que esta misma se seca o se limpia.

El norte del Cauca ha sido desde siempre un foco rojo para el resto del país, el lugar donde pasan las masacres, los tiroteos, el lugar de los cultivos de uso ilícito y los grupos armados, sin embargo, los medios de comunicación tradicionales han ignorado muchos años los procesos de resistencia que se lideran aquí, y uno de los mas fuertes es indudablemente es el proceso del pueblo Nasa, que se centra en la defensa de la vida y el territorio.

Pero entonces surge la pregunta ¿Por qué nos están matando? ¿A quién obedecen los intereses que nos asesinan a diario? y la respuesta por supuesto se queda en el aire. Según Indepaz, van más de 18 casos de indígenas asesinados en lo que va del año 2022 y nuestro pueblo ha puesto 4, solo en el Cauca, en 110 días cuatro personas, una de esas personas solo tenía 14 años.

Para entenderlo, o tratar de entenderlo, necesitamos desglosarlo y poner los casos en pequeñas fichas. También darle paso a todos los actos simbólicos que van con esta violencia y que dicen mas que la misma sangre, una de las frases que nos ha marcado es la que dijo Cristina Bautista meses antes de ser asesinada: “Si nos quedamos callados nos matan y si hablamos también nos matan. Entonces hablamos” así que, siguiendo su línea, vamos a hablar o mejor, a escribir.

Según el informe de reclutamiento de Madeja y el tejido defensa de la vida, en el norte del Cauca inciden aproximadamente 10 grupos armados, 8 de ellos pertenecen al comando coordinador de occidente que es un grupo de alianzas estratégicas y tres de ellos operan directamente en el Cauca.  Los que operan militar y políticamente en nuestros territorios son: La columna móvil Jaime Martinez disidencia de las Farc, La columna Dagoberto Ramos que se considera la mas numerosa y es también disidencia de las Farc y la segunda Marquetalia, creada en el 2019. Por otra parte, frentes como el Carlos Patiño, Adán Izquierdo, frente 30 Rafael Aguilera y Urias Rendón no operan directamente en el norte del Cauca, pero reclutan menores en los territorios del mismo y la mayoría de estos menores retornan al territorio en ataúdes. También, hacen presencia grupos paramilitares como las Autodefensas Gaitanistas de Colombia y las Águilas negras. Por otra parte, el ejercito nacional frecuenta los territorios. En pocas palabras las comunidades afro, campesinas e indígenas, nos encontramos rodeados de estructuras militares que atentan todo el tiempo contra nuestra vida y nuestra dignidad.

Como Nasas, los procesos sociales y políticos que se llevan a cabo en los territorios, hacen parte de una resistencia al sistema en el que estamos inmersos y a una lucha por sobrevivir constante, es por esto que cuando nos preguntamos por qué nos matan, No podemos dejar de lado todos los intereses a los que incomodamos con nuestra mera existencia y que se han convertido en una piedra en el zapato, para aquellos que tradicionalmente han manejado el poder y la economía en nuestro país: La guardia indígena, existe desde el año 2001, desarrolla actividades operativas, tácticas y políticas, y durante todos estos años se ha encargado de la defensa del territorio con un bastón emblemático. Dentro de sus actividades está el control territorial, que implica el mantenimiento del orden público, al igual que los recorridos que buscan mantener la armonía en los territorios y la vigilancia de cualquier irregularidad entre los mismos, eso implica reafirmar nuestra autonomía. En conclusión, los kiwe thegnas no son viables para los grupos armados ilegales y tampoco para el ejercito nacional ya que amenazan sus ideales de militarización y control.

Oponerse a la siembra de cultivos de uso ilícito, usar los medios apropiados para denunciar mecanismos de opresión y apoyar procesos de liberación de la madre tierra nos hace directamente un blanco, uno atacado por todos los sectores que tienen en común mantener relaciones de poder y capital intacto.

El conflicto armado hace estragos, se trata de un autentico baño de sangre, que no parece discriminar ninguna forma de vida y el tiempo dentro de ese conflicto nos ha hecho apáticos, aunque la sangre nos salpique la cara.

Hace un tiempo corto en la siembra de un compañero, alguien cercano que observaba el panorama y veía que sus hijos no lloraban decía: “Así somos los Nasas, fuertes” y yo pensaba ¿Realmente de esto se trata ser Nasa? ¿De las lagrimas que se consumen en los ojos sin salir? y creo que genuinamente no se trata de eso, creo que corremos el riesgo de hacernos tan institucionales como el estado si no sentimos a nuestros a muertos, si no los lloramos lo suficiente y si no gritamos las injusticias a todo pulmón.

De la misma manera, es importante que nuestra estructura política y social reivindique esos muertos, eso implica: planes de acción concretos por parte de nuestras autoridades, acompañamiento a las familias y socialización con la comunidad, un trabajo que sin bien es cierto se viene haciendo hace años, pareciera debilitarse con los días y con los muertos.

La excusa del estado sigue siendo que debido a la siembra de cultivos de uso ilícito los grupos armados controlan los territorios, sin embargo, en una entrevista para Radio Pa’yumat hecha por el sociólogo Ricardo Vargas  quien lleva estudiando la economía de las drogas mas de 20 años se puntualiza: “Los cultivos de uso ilícito son la parte menos preocupante y en la que mas se fija el gobierno, sin embargo, ese mismo control de la economía se podría hacer con productos legales como el café, o incluso una venta de arepas. De todo se puede hacer una mafia” también explica, dentro de la misma entrevista que el hecho de haya jóvenes indígenas siendo parte de los grupos armados o sembrando coca y marihuana se ha convertido en el pretexto más vil desde el gobierno nacional para dar por completo su abandono a las comunidades, justificando asesinatos y minimizando el problema con la frase “Entre indios se están matando” cuando realmente, el problema social tiene un trasfondo gigante.

No ha bastado con estar expuestos a la globalización, al extractivismo en nuestros territorios, a lideres políticos que aseguran que los asesinatos son “líos de faldas”, no ha bastado con el exterminio cultural y los medios de comunicación tratando de avergonzar nuestras raíces, no ha bastado con vivir en un país abiertamente clasista y racista, con el arrebato de las tierras, y con gente de afuera llegando a los territorios a convencer jóvenes con dinero y armas, vendiéndoles una idea de éxito que se sale de toda proporción y los lleva a masacrar a su propio pueblo. La violencia escala y los asesinatos siguen.

 Como movimiento indígena tenemos la responsabilidad de seguir resistiendo, de enamorar a los jóvenes de un proceso milenario, de no callar, de abrir espacios para la conversación que traigan inclusión, de escuchar a mujeres, jóvenes y niños, de apoyar las economías legales. Y nuestras organizaciones deben estar en los territorios para contra restar ese olvido estatal del cual hacemos parte y garantizar el acceso a la justicia de las familias de nuestra gente. Todos tenemos la responsabilidad de ser la voz que le cuente al mundo de afuera como aquí no cesa la horrible noche.

Hay una historia de la antigua Roma que se ha contado muchas veces, se trata del gran incendio, en el libro “El hambre” de Martín Caparrós se cita a Tácito, un historiador que tenía una forma peculiar de ver los hechos.

(…) “Tácito era un historiador muy desapasionado: detestaba a Nerón, pero no lo culpó del incendio; dice que Nerón no lo empezó. Sí dice que estaba muy preocupado y que tenía que distraer a las masas, y que para eso organizó la fiesta más grande de la Antigüedad. En la bella prosa de Tácito, el emperador ofrece sus jardines para la recepción. Todo el que fuera alguien estaba ahí: los senadores, los nobles, los periodistas de chismes, toda la gran sociedad estaba ahí.

Pero Tácito cuenta que Nerón tenía un problema: cómo iluminar todo ese espacio, ese inmenso jardín. Se le ocurrió una idea: trajo cantidad de criminales y los hizo quemar para iluminar la fiesta. «fueron condenados a las llamas para proveer iluminación nocturna». Para mí, la cuestión nunca fue Nerón; siempre fueron los invitados de Nerón. ¿Quiénes eran los invitados de Nerón? ¿Qué tipo de mentalidad había que tener para meterse otro higo en la boca mientras seres humanos se quemaban para iluminarte? ¿Qué mentalidad para dejar caer aquellas uvas en tu lengua mientras las llamas consumían a alguien para darte luz? Era la gente sensible de Roma ¿Cuántos de ellos protestaron? ¿Cuántos levantaron una mano para decir eso está mal, no debería suceder, no debe seguir? Según nos cuenta Tácito, ninguno. Nadie lo hizo”

La historia es aterradora si se le ve desde allí, los invitados de Nerón siguen estando aquí son el resto de Colombia y todos los que lamentablemente se acostumbraron a las muertes, los que pueden seguir comiendo, durmiendo y llevando su vida sin zozobra. Los que saben que eso pasa allá, en el Cauca, en un lugar alejado que no visitarán porque su seguridad se los permite, así como las demás regiones del país que caen en la misma indiferencia.

Cuando asesinaron a Albeiro Camayo, ex coordinador de la guardia indígena, días después de que su cuerpo fue sembrado, el Newex Henry Chocué nos contaba que del mismo grupo armado que lo asesinó, fueron integrantes a tirar las coronas de flores y sabotear la tumba y que 15 días después del hecho aún habían Kiwe Thegnas cuidando la tumba para que no fueran a sacar su cuerpo como pasó hace más de 30 años con la autoridad Samuel Hernandez quien tomó partido y se opuso al uso ilícito de la coca y cuyos restos fueron sacados de la tumba y esparcidos por la carretera. Es por esto que cuando de afuera viene la típica palabra de alivio que nos dice que nuestra gente asesinada ya esta descansando en paz realmente no nos da tranquilidad, porque en las comunidades hemos aprendido que ni muertos nos dejan en paz.