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Un día de mercado en Toribío Cauca, 9 de julio del 2011.

Foto 1: comunidad de Toribio en el sitio donde se dió la explosión de la chiva bomba, 9 de julio de 2011. Archivo tejido de comunicación ACIN

 

Hace 11 años en el municipio de Toribío Cauca, se vivió uno de los tantos momentos de horror a causa del conflicto armado. Era un día sábado y la gente se disponía a vender y comprar productos en el mercado que se realizaba en plena plaza principal de éste municipio, de pronto un estruendo acompañado de una nube de polvo cubrió la población que allí se encontraba.

“Recordar lo ocurrido el  9 de julio de 2011, un día de mercado en la cabecera municipal de Toribío en horas de la mañana, remueve las fibras más profundas de quienes vivimos ese momento de dolor, tristeza, impotencia, ira”, menciona una comunicadora indígena que hacía parte del equipo de la emisora Radio Nasa de Toribio, quien relata los momentos que se vivieron cuando una chiva (bus escalera) repleta de artefactos explosivos causó la muerte de dos comuneros, un integrante de la fuerza pública, además dejo 460 viviendas destruidas y 103  heridos.

 

(…) El día estaba clarito, pero en segundos se puso gris, había mucho polvo, se veía en el ambiente como si hubiera mucho humo, escuchaba llorar a los niños desesperadamente, a media vista observé algunas mujeres que corrían sin saber para donde coger. El estruendo nos aturdió, se escuchaban disparos y explosiones, puede ser que no haya sido así, pero yo trataba de reaccionar”.

Foto 2: afectación al centro parroquial de Toribio Cauca, 9 de Julio del 2011. Archivo tejido de comunicación ACIN.

 

Cuentan quienes sobrevivieron a este episodio que las toldas de ropa, restaurantes, cacharrería y carnicería quedaron en el piso; en medio del llanto de la gente se escuchaba que algo se había incrustado en la iglesia que estaba llena de feligreses católicos, “corrimos por la plaza, ayudamos a sacar gente para la salida a San Francisco y tratamos de convencer a algunos heridos para que fueran a los centros de salud. De pronto dijeron que murió el calvo un jóven que estaba ayudando a sacar heridos”, éstos son algunos de los relatos que se escuchan de aquel día, los cuales no terminan allí, puesto que fueron horas de mucha confusión y zozobra.

“Al voltear la esquina estaba en la carnicería don Jesús “chuchin” le decían… algo le cayó encima y lo mató, estaba en su sitio de trabajo… caminé rápido, lloré desesperada, no era la primera vez que mataban el pueblo”. Ese 9 de julio era otra más de las veces en la que los violentos declaraban la guerra y la población estaba en desventaja, vulnerable a esta situación, pues en éste municipio la guerra nunca ha dado tregua, habían días en los que los estudiantes debían correr en medio de las balas para salvaguardarse y las familias salían desplazadas por días a los sitios de asamblea permanente con la esperanza de que cuando terminara esa pesadilla regresarían juntos de nuevo a casa.

Foto 3: comunidad Nasa, haciendo minga para sacar escombros de sus viviendas. Archivo tejido de comunicación ACIN.

 

Luego del acontecimiento de la chiva bomba, los días siguientes fueron muy duros como siempre, los heridos a las clínicas y hospitales, algunos acompañaron la siembra de quienes fallecieron y luego a recoger escombros, no dió abasto el plástico para todos los damnificados, llovió y en gran parte se mojaron las pertinencias de los comuneros y sedes de las instituciones educativas, hay que mencionar que esa vez la mayor parte de las viviendas del casco urbano se afectaron sobre todos los barrios alrededor del bunker de la policía.

La destrucción de las casas en el casco urbano, dejó sin consuelo a sus habitantes y a quienes acudieron al llamado en solidaridad, pues el sueño de una vivienda para sus familias, se había desbaratado sin un mínimo de esfuerzo, algunos dicen que lo material se recupera, pero, ¿el esfuerzo de la gente? Ese sí era tiempo perdido, además no era una sola vez, sino que en repetidas ocasiones sucedía, como cuando quemaron el banco y las repetidas tomas guerrilleras con tatucos, pipetas y granadas, pisoteando los sueños de quienes vivieron allí.

Foto 4. Lo que quedó, 9 de julio de 2022. Archivo tejido de comunicación ACIN.

 

Es claro que la disputa de los armados no respeta el trabajo, ni el esfuerzo de los civiles, para quienes han vivido aquí a pesar de todo lo ocurrido es muy duro recordar y aunque hayan pasado muchos años, todavía duele lo que la guerra les arrebato de las manos. Por otro lado, estuvo el asunto de la reparación por parte del gobierno nacional, las viviendas se volvieron a parar, pero no volvieron a ser como ellos las habían construido, “la gente quedó reparada pero no satisfecha, además se acostumbraron a pagar el dolor de la gente de la manera más barata”, es por eso muchos tuvieron que migrar  de posada a otros lugares mientras se reponían de estas pérdidas, las familias tuvieron que volver de la nada a pararse, cargando esos dolores que se llevan en el alma y que no se arrancan aunque el tiempo pase.

Así, se conmemoran ya 11 años de ésta tragedia y la guerra continúa, aún persiste en la memoria aquel día, hoy ya no es una chiva bomba, pero siguen los asesinatos, los armados se ensañaron con quienes no quieren dejar su tierra y la guerra sigue siendo en desventaja, ellos con un fusil en las manos, listos para disparar y la comunidad con las manos en la tierra listos para trabajar.

 

Relato: Dora Salas

Por: Tejido de comunicación ACIN.

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