Valentina y la sombra del diablo: El teatro apuesta por el respeto a la niñez y la prevención de abusos en la infancia.

El 10 de noviembre en la tarde, la Yat Wala de Santander de Quilichao se convirtió en una sala de teatro. A pesar del clima, lluvioso por estos días, la cancha se lleno de luces y en un escenario pequeño pero poderoso los artistas dieron una función mágica, la obra fue: Valentina y la sombra del diablo, una historia de la mexicana Verónica Maldonado que fue interpretada por el Laboratorio la máscara en conjunto con el Colectivo teatral entrada libre. Claudia Muñoz, Nicolás Llanos, Julián Guerra y Sergio rincón son el elenco que nos deleitaron con la interpretación.

La obra, cuenta la historia de Valentina una niña que se enfrenta al abuso sexual. El diablo, la obliga a jugar con él juegos que a ella no le gustan y le parecen dolorosos. La trama gira entorno a la valentía de Valentina, a sus miedos y a la manipulación del diablo que le hace pensar que nadie creerá en ella. También a la guía de Lázaro, su abuelo, quien le acompaña en el camino y le recuerda su luz interior.

Hablamos con Claudia Muñoz la fundadora del laboratorio la máscara, quien nos contó acerca del teatro comprometido con la infancia, con el reconocimiento de los niños como seres pensantes ante temas censurados como la diversidad sexual, la guerra, las violencias entre otros.

(…) “A partir de estas funciones se ha generado rutas de emergencia, hemos encontrado casos, hay colegios donde luego de la obra los niños o jóvenes encuentran en el maestro la figura del abuelo y van unos días después o el mismo día a decirle a mí me pasa lo que le pasa a Valentina e inmediatamente la ruta se activa. En un colegio logramos que de 10 niñas que denunciaron se les hiciera seguimiento a 8 y es fuerte, pero necesario” puntualizó Claudia, quien además interpreta a Valentina.

Este maratón de teatro llegó desde el tejido de educación, el hilo de equilibrio y armonía encontró una forma de hacer pedagogía trayendo a diferentes territorios la obra, que estuvo recorriendo el norte del Cauca antes de tener su presentación final aquí en la Yat Wala de Santander de Quilichao. Jessica Laso, la coordinadora del hilo de armonía y equilibrio, nos había contado en los micrófonos de radio Pa’yumat acerca de la obra como un abre bocas para hablar de esto en los territorios, de las desarmonías como violencia sexual, violencia intrafamiliar y de la importancia del cuidado a nuestros niños y niñas.

Según cifras de la Onic del año 2021, de los casos de violencia sexual perpetrados a mujeres indígenas y reportados al sistema de salud el 75% son de niñas indígenas menores de 14 años. Además, para el año 2008, hace 14 años, había 20184 casos de violencia sexual, de los cuales 8032 quedaron en la impunidad.

Como niñas y mujeres indígenas, el respeto por nuestro cuerpo como un territorio libre de abuso es un ideal que seguimos persiguiendo, es por esto que el arte como una herramienta educativa, para contar sobre el abuso nos da alternativas de reconocerlo, de crear rutas y de desenraizar estas desarmonías, que siguen siendo las noticias principales de nuestros medios comunitarios.